l stock bovino argentino volvió a retroceder en 2025 y se ubicó en 50,9 millones de cabezas. Datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca confirman una caída de 700.000 animales y profundizan la tendencia negativa iniciada en 2022.
Con este resultado, se consolida una tendencia bajista que comenzó en 2022 y que ya acumula una pérdida total de 3,2 millones de cabezas en los últimos años, reflejando las dificultades estructurales que atraviesa el sector.
Uno de los datos más relevantes del informe es la caída en la categoría de terneros, que registró una baja cercana a las 200.000 cabezas respecto de 2024. Desde el organismo explicaron que estos animales provienen mayoritariamente de nacimientos ocurridos en el invierno de 2025, vinculados a servicios realizados en la primavera de 2024, período en el que ya se había evidenciado una reducción del stock de vientres del 1,4%.
En la misma línea, las categorías de hembras —vacas y vaquillonas— mostraron una caída significativa, con unas 516.000 cabezas menos. Este comportamiento se explica principalmente por el elevado nivel de faena de hembras registrado durante 2025, aunque las autoridades destacaron que la magnitud de la baja fue menor a la observada en los dos años previos.
Por el contrario, el segmento de machos mostró una leve recuperación. El stock creció alrededor de un 1%, equivalente a unas 57.000 cabezas adicionales. Sin embargo, este incremento esconde comportamientos dispares: mientras los novillos cayeron en aproximadamente 120.000 cabezas (-5,4%), hubo un aumento de 165.000 novillitos (3,6%) y de 11.600 toritos (3,4%), lo que permitió compensar parcialmente la baja.
El escenario plantea interrogantes sobre la capacidad de recuperación del rodeo en el corto plazo. La menor disponibilidad de vientres y la caída en la producción de terneros condicionan la reposición futura, en un contexto donde la dinámica de la faena y las condiciones productivas siguen siendo determinantes para la evolución del stock ganadero.
Así, el sector bovino enfrenta el desafío de revertir una tendencia que, de sostenerse, podría impactar tanto en la producción de carne como en el equilibrio del mercado interno y las exportaciones.