Un especialista de Fundar advirtió que el problema no pasa por cobrar más impuestos, sino por modificar una estructura que castiga la producción, las exportaciones y la formalidad.
Guido Zack, director de Economía de Fundar, planteó que el país no necesita necesariamente aumentar la presión tributaria, sino reformar la forma en que recauda. Según su análisis, Argentina tiene una presión impositiva cercana al 27,6% del PBI, una de las más elevadas de América Latina, aunque la carga efectiva sobre el sector formal resulta considerablemente mayor debido a los elevados niveles de informalidad.
El diagnóstico apunta especialmente a la estructura del sistema. Una parte importante de la recaudación proviene de impuestos indirectos como IVA, Ingresos Brutos, impuesto al cheque y retenciones, mientras que tienen menor peso relativo aquellos que gravan los ingresos y los patrimonios.
Un sistema tributario que castiga la producción
Para Zack, uno de los principales problemas es que varios de los impuestos vigentes generan fuertes distorsiones sobre la actividad económica.
Las retenciones reducen los incentivos para producir y exportar, mientras que Ingresos Brutos, al aplicarse en distintos eslabones de las cadenas productivas, incrementa los costos y puede afectar la competitividad.
A esto se suma el impuesto al cheque, que genera incentivos para utilizar menos el sistema financiero y mantener operaciones fuera de los canales bancarios.
El resultado, según el especialista, es un esquema que termina premiando la informalidad y penalizando a quienes cumplen con sus obligaciones tributarias.
Otro de los problemas señalados es la evasión. Entre IVA y Ganancias de sociedades, el Estado dejaría de recaudar el equivalente a unos ocho puntos del PBI, según el análisis citado por Zack.
La presión tributaria se concentra en el sector formal
El alto nivel de informalidad también modifica la distribución efectiva de la carga fiscal. Mientras la presión tributaria general ronda el 27,6% del PBI, sobre quienes permanecen dentro de la economía formal la carga puede superar el 42%.
Esta situación genera una dinámica difícil de revertir: una base reducida de contribuyentes sostiene una proporción cada vez mayor de los recursos fiscales, mientras la informalidad limita la posibilidad de reducir las alícuotas.
Además, el sistema presenta un fuerte componente regresivo. De acuerdo con el análisis, los hogares de menores ingresos destinan una proporción mayor de sus recursos al pago de impuestos que los sectores de mayores ingresos.
Qué reforma tributaria propone Fundar
La alternativa planteada no consiste en incrementar la presión impositiva, sino en redistribuir la carga hacia un sistema más simple, progresivo y menos distorsivo.
Entre las principales líneas de reforma aparecen:
- Reducir o eliminar gradualmente impuestos considerados más perjudiciales para la producción.
- Revisar el esquema de retenciones.
- Reducir la incidencia de Ingresos Brutos.
- Modificar el impuesto al cheque.
- Fortalecer la tributación sobre ingresos elevados y patrimonios.
- Mejorar la imposición sobre las rentas provenientes de recursos naturales.
- Ampliar la base de contribuyentes.
- Combatir con mayor eficacia la evasión.
- Eliminar exenciones que no tengan una justificación económica o social clara.
La ampliación de la base tributaria permitiría, bajo este enfoque, reducir las alícuotas sin resignar recaudación, al distribuir la carga entre una mayor cantidad de contribuyentes.
El problema del federalismo fiscal
La reforma también debería alcanzar la relación entre Nación, provincias y municipios. Según el diagnóstico, la superposición de tributos y la falta de coordinación entre los distintos niveles del Estado generan costos adicionales para empresas y productores.
Uno de los principales puntos de discusión es Ingresos Brutos, cuya aplicación provincial puede fragmentar el mercado interno y aumentar los costos de las cadenas productivas.
También se plantea la necesidad de avanzar hacia una nueva Ley de Coparticipación Federal, dado que el esquema vigente fue diseñado en 1988 y ya no refleja la estructura económica y fiscal actual del país.
Una mayor coordinación entre jurisdicciones permitiría reducir distorsiones y generar reglas más previsibles para quienes producen e invierten.
Una reforma necesaria para sostener el crecimiento
El planteo de Zack parte de una premisa central: un sistema tributario eficiente no garantiza por sí mismo el desarrollo, pero uno ineficiente puede convertirse en un obstáculo importante.
La inversión, la productividad, la educación, la infraestructura y la estabilidad macroeconómica también resultan determinantes para el crecimiento. Sin embargo, una estructura tributaria que desalienta la formalidad, encarece las cadenas productivas y penaliza las exportaciones puede limitar el impacto de esas políticas.
Por eso, la discusión sobre una reforma tributaria vuelve a ocupar un lugar central en la agenda económica argentina. El desafío consiste en mejorar la calidad de la recaudación sin poner en riesgo el equilibrio fiscal.
La meta, en definitiva, no sería cobrar más sino cobrar mejor: construir un sistema capaz de financiar de manera estable las funciones del Estado y, al mismo tiempo, generar mejores condiciones para producir, invertir, exportar y crecer.