Pariente cercano de “Quien se excusa, se acusa”, este refrán apela a la ironía para pedirle a alguien que está dando demasiadas explicaciones sobre un asunto que la haga corta, porque termina complicando las cosas y generando aún más confusión. Del dicho se hacen merecedores los mentirosos, seriales y esporádicos, y también quienes han metido la pata.
¿Por qué explicás lo que decís o hacés? ¿Para qué lo explicás? ¿Cuál es tu sentir cuando alguien lo hace con vos? ¡No hay necesidad de ninguna explicación si estamos siendo asertivos!... ¡A-ser-ti-vos! La asertividad se define como la habilidad que permite a las personas expresar de manera adecuada, sin hostilidad ni agresividad, sus emociones frente a otra persona; es la cualidad de ser directos con nuestras opiniones y pensamientos, tanto positivos como negativos… ¡Muy!
La comunicadora social Luisa Fernanda Hernández Álvarez, como es colombiana, va más allá y le pone realismo mágico al término: “La asertividad es esa magia que hace que las buenas conversaciones pasen, el secreto está en elegir el mensaje, el momento, el espacio, las personas y el tono de lo que se quiere contar, y ese propósito siempre debe lograr una emoción positiva en nuestro interlocutor”… ¡Bien ahí, Luisa Fernanda!...
Y manda otra recomendación: “siempre, sin excepción, pensar antes de hablar. Esos segundos que nos regalamos para pensar traerán su recompensa”… Ah pero cómo aplauden, de golpe todos se autopercibieron asertivos… ¿Vieron alguna vez a un dirigente o funcionario que, cuando cesan en sus cargos, tratan de justificar sus pésimos procederes con argumentos endebles, cuando no desopilantes, Y hasta maliciosos?...
¡Por favor, no demos nombres que no hay espacio para todos!...
¡A ver, botija Lucas Sugo, cantanos que te decía siempre tu madre en Montevideo, cuando eras chico!