Un informe del Banco Mundial advierte que el conflicto en Medio Oriente provocará la mayor crisis de suministro de petróleo en años. El impacto se sentirá en la inflación, los alimentos y las economías más vulnerables.
El organismo alertó que los ataques a la infraestructura energética en Medio Oriente y las interrupciones en rutas clave de transporte marítimo generaron “la mayor crisis de suministro de petróleo registrada” en los últimos años.
Uno de los puntos más críticos es el Estrecho de Ormuz, por donde antes del conflicto circulaba cerca de una cuarta parte del petróleo transportado por vía marítima a nivel mundial. Las dificultades en esa zona impactaron directamente en la oferta global de crudo.
De acuerdo con el informe de perspectivas de materias primas, el precio del petróleo podría alcanzar los 115 dólares por barril en 2026. De hecho, el crudo Brent —referencia internacional— ya superó los 112 dólares, reflejando la tensión en los mercados energéticos.
El impacto no se limita al petróleo: el Banco Mundial proyecta que los precios generales de los commodities aumentarán un 16%, impulsados también por el encarecimiento de fertilizantes y metales clave.
El economista jefe del organismo, Indermit Gill, advirtió que el conflicto está afectando a la economía global en múltiples etapas: primero con el alza de la energía, luego con el encarecimiento de los alimentos y finalmente con una mayor inflación que presionará sobre las tasas de interés y el costo de la deuda.
Las consecuencias serán especialmente duras para los países en desarrollo, donde los hogares destinan una mayor proporción de sus ingresos a bienes básicos como alimentos y combustibles.
En esa línea, el Programa Mundial de Alimentos ya había advertido que la suba de los fertilizantes podría agravar la crisis alimentaria global. Si el conflicto se prolonga, hasta 45 millones de personas adicionales podrían caer en inseguridad alimentaria aguda este año.
Incluso las economías desarrolladas sienten el impacto: en Estados Unidos, los precios de la gasolina superaron los 4 dólares por galón, mientras que la inflación volvió a acelerarse, encareciendo el acceso al crédito y afectando sectores como el inmobiliario.
El Banco Mundial resumió el escenario con una advertencia contundente: “la guerra es desarrollo a la inversa”, en un contexto donde la volatilidad energética amenaza con extender sus efectos durante meses, incluso si el conflicto se desactiva en el corto plazo.