El presidente de Yibuti obtuvo su sexto mandato en una elección sin sorpresas, marcada por el boicot opositor y cuestionamientos internacionales sobre la transparencia del proceso.
Según datos difundidos por medios estatales, la participación electoral alcanzó el 80,4%, en unos comicios donde el resultado nunca estuvo en duda debido al amplio control institucional que ejerce el oficialismo.
Guelleh, de 78 años, gobierna el país desde 1999, cuando sucedió a su tío, Hassan Gouled Aptidon. Tras conocerse el resultado, el mandatario celebró su reelección en redes sociales, confirmando la continuidad de su liderazgo.
El proceso electoral estuvo marcado por la ausencia de competencia real. El presidente se enfrentó únicamente a Mohamed Farah Samatar, representante de una fuerza minoritaria sin presencia parlamentaria, mientras que los principales partidos opositores decidieron boicotear los comicios, denunciando falta de garantías democráticas.
En paralelo, el oficialismo impulsó cambios normativos que facilitaron la continuidad de Guelleh. Entre ellos, la eliminación del límite de edad para candidatos presidenciales y la flexibilización de los mecanismos para reformar la Constitución.
Pese a las críticas, el país mantiene una relevancia estratégica a nivel global. Ubicado en una zona clave del comercio internacional, Yibuti alberga bases militares de potencias como Estados Unidos, China, Francia, Italia y Japón, lo que le otorga un papel central en materia de seguridad regional.
Además, el gobierno ha impulsado inversiones en infraestructura portuaria para consolidar su rol como principal salida al mar de Etiopía, fortaleciendo su posición económica en el Cuerno de África.
Sin embargo, organizaciones de derechos humanos mantienen cuestionamientos sobre la situación política interna, denunciando restricciones a la oposición, la prensa y la sociedad civil.
El gobierno de Guelleh rechaza estas acusaciones y defiende la legitimidad del proceso electoral, que le permitirá continuar en el poder en un contexto de estabilidad relativa frente a la inestabilidad de la región.