Entrevista a Marta Sanz: ¨pensamos que somos más libres de lo que realmente somos¨

La escritura es para la narradora y ensayista española Marta Sanz una forma de revisar e interpelar los mandatos que la habitan, una operación que en "pequeñas mujeres rojas" se vale del trabajo con el lenguaje pero también de una diversidad de voces narrativas que intentan capturar la complejidad de la trama evitando caer en reduccionismos o en el monopolio de la mirada.


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Fuente: Telam

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- Télam: ¿Por qué le interesó plantear una novela con tantas voces narrativas? Cada una de ellas aporta distintas capas de sentido, como si la realidad fuese tan compleja que no se puede encerrar en un único punto de vista ¿La realidad surge de esa yuxtaposición de miradas?

-M.S.: Precisamente esa era la idea principal. Me parece que, frente al espejismo del ser humano como individuo único y auténtico, frente a esa visión tan publicitaria y mito-maníaca, somos un conglomerado de voces que nos habitan. Voces del pasado y del presente, del padre, la madre, de la fantasía y de la ficción, de las amistades, de los libros que leemos o de las películas que vemos... Nuestra propia voz en construcción, dubitante, forma parte del coro. Creo que somos orfeones y mosaicos, y que esa complejidad luego solo será una pieza más de algo más complejo y caleidoscópico.

Esa manera de ver la identidad, más allá del mito de las esencias, es lo que me lleva a optar por las miradas yuxtapuestas en "pequeñas mujeres rojas": los testimonios de los personajes son recogidos por Luz, que es narradora principal, compiladora de las cartas de Paula, creadora de las voces de los fantasmas. Ella se dirige a Zarco, el gran ausente, el fantasma mayor, el símbolo de que a veces la maldad se vincula con elegir la inacción, con las mayorías silenciosas, con el no meterse o preocuparse: pensar que ciertas cosas no son para tanto o no te conciernen cuando, en realidad, forman parte de tu esqueleto físico y moral.

A veces la maldad se parece mucho a la ignorancia elegida. Y, por detrás de Luz, andan mi ojo y su orzuelo. Como un mago de Oz o como esas breves apariciones de Hitchcock en sus películas que nos remiten a la idea de que escribir es ensimismarse y enajenarse, porque en los escritos siempre hay un componente autobiográfico, ese sistema nervioso personal del que hablaba Francis Bacon, y a la vez los elementos de ficción nos permiten mirar desde un lugar que no es nuestro propio ombligo: yo he aprendido mucho bajando a la fosa con las lombrices y, después, subiendo con los pájaros para tener una vista cenital del panorama. De abajo arriba y de arriba abajo con los animales que desempeñan un papel fundamental en esta novela por su fragilidad y por su silencio: además del movimiento del pasado hacia el presente, y de arriba abajo, en la novela me parece importante el contraste entre la voz y el silencio. Bocas enterradas que se carcajean, delatores, detectives desaparecidos, mujeres que expresan su desesperación por carta, niñas que cantan cuplés o himnos comunistas.

-T: En un tramo de la novela una de las narradoras dice: "Para ciertas cosas no estamos bien educados. Confundimos a los maricones con los mariquitas, la homosexualidad con la pedofilia, el travestismo con el afeminamiento, a las machorras con las brujas, la criminalidad con el amor de Aristóteles por sus discípulos" ¿Las sociedades están aún mucho más rezagadas de los que creemos en materia de reconocimiento de las disidencias sexuales?

- M.S.: El mero hecho de utilizar una expresión como "disidencia sexual" ya nos remite a un orden establecido contra el que hay que rebelarse, disentir, construirse... Creo que pensamos que somos más libres de lo que realmente somos. Nuestros prejuicios y tabúes nos configuran, forman parte de la ideología invisible que ya no entendemos como ideología porque nos parece cuestión de sentido común. Es lo natural y lo otro es lo marcado, lo excepcional. Yo escribo libros para descubrir mis carencias y mis contradicciones, porque también estoy hecha de esa pasta prejuiciosa y tengo el ojo sucio y juzgo comportamientos que no debería juzgar. No quiero. Tengo mucho que aprender. Observo lo que sucede fuera y lo me pasa por dentro. Escribo. Hago la crítica y la autocrítica desde el lenguaje y entendiendo que el lenguaje conforma realidad. Intento localizar los orígenes del daño. Pero es muy difícil quitarse de encima tantos siglos de construcción cultural masculina, blanca, católica y capitalista. Esa es la tradición que forma parte de mí y simultáneamente me hiere. También sé que hay personas mucho menos privilegiadas que yo.