El Estado se queda con el 62,5% de la renta agrícola: suben costos por la guerra y se agrava la presión impositiva

El conflicto en Medio Oriente elevó los costos del campo argentino y redujo la rentabilidad, mientras la carga fiscal trepó al 62,5% de la renta. El trigo, el cultivo más afectado, ya opera con márgenes negativos.


Economía

Fuente: Noticias Argentinas

El conflicto internacional, con foco en el bloqueo del estratégico estrecho de Ormuz, impactó de lleno en insumos clave como la urea y el combustible. Por esa vía circula cerca del 50% de la urea a nivel mundial, además de una porción significativa del petróleo y el gas, lo que generó subas de precios y tensiones en los mercados.

“El alza de costos como el combustible, que impacta en los fletes, junto con la actualización de impuestos provinciales y la baja rentabilidad, explican este escenario”, señaló Nicolle Pisani Claro, economista jefa de FADA.

El Índice FADA de marzo de 2026 marcó un incremento de 6,1 puntos porcentuales respecto de diciembre pasado. En términos concretos, de cada $100 generados por una hectárea, $62,5 se destinan al pago de impuestos nacionales, provinciales y municipales.

A nivel provincial, la carga varía: Entre Ríos lidera con 67,6%, seguida por Buenos Aires y La Pampa (60,4%), Córdoba (60,2%), Santa Fe (57%) y San Luis (55,7%).

Según explicó Antonella Semadeni, también de FADA, el aumento del índice responde a una doble dinámica: “por un lado, suben los costos de producción y achican la renta; por otro, se actualizan los impuestos, lo que eleva su peso relativo sobre una base más reducida”.

Trigo en zona crítica
El análisis por cultivo revela un deterioro generalizado de la rentabilidad. En soja, el Estado capta el 61,6% de la renta, mientras que en maíz el nivel alcanza el 56,8%. En girasol, la presión asciende al 80,3%.

Sin embargo, el caso más preocupante es el del trigo, donde la carga impositiva llega al 104,4%. “Esto implica que la renta no alcanza ni siquiera para cubrir los impuestos”, advirtió Fiorella Savarino, también economista de FADA.

El impacto de los costos internacionales
Uno de los principales factores detrás de este deterioro es el encarecimiento de los fertilizantes. El precio de la urea subió un 43% respecto de diciembre y un 39% interanual, afectando especialmente a cultivos intensivos en fertilización como el trigo y el maíz.

El conflicto en Medio Oriente tensionó el comercio global: por el estrecho de Ormuz circula cerca del 20% del petróleo, el 25% del gas y la mitad de la urea mundial, lo que amplifica cualquier disrupción en esa región.

Más presión local: impuestos y costos operativos
A nivel interno, la presión también se intensificó. A comienzos de año se actualizaron impuestos provinciales y tasas municipales, que pasaron de representar el 6,4% del total a cerca del 10%.

El impuesto inmobiliario rural registró subas promedio del 79% a nivel nacional, impulsado principalmente por la provincia de Buenos Aires, mientras que las tasas municipales aumentaron alrededor del 32%.

Además, los costos laborales crecieron un 33% desde diciembre, muy por encima de la inflación estimada para el período. A esto se suman los fletes, que subieron 8,4% en pesos y 12% en dólares, en gran parte por el incremento del combustible.

Según detalló Luz Silvetti, economista de FADA, también se deterioró la relación insumo-producto: actualmente se necesitan 3,9 toneladas de maíz o 3,8 toneladas de trigo para adquirir una tonelada de urea, una relación menos favorable que un año atrás.

Un escenario cada vez más ajustado
El combo de costos en alza, precios ajustados y mayor presión tributaria configura un escenario desafiante para el agro argentino. Con márgenes cada vez más estrechos, especialmente en cultivos como el trigo, el sector enfrenta una campaña marcada por la incertidumbre y la pérdida de rentabilidad.