En los últimos dos años, Argentina registró el cierre de 24.180 empresas y la pérdida de más de 206.000 empleos privados. La Provincia de Buenos Aires encabeza el ranking de destrucción productiva, con fuerte impacto en sectores industriales clave como textiles, construcción y metalmecánica.
En ese período, gobernado por Axel Kicillof, el distrito bonaerense perdió 6.174 empresas, liderando ampliamente el ranking nacional. Detrás se ubicaron Córdoba, con 4.090 firmas menos, y Santa Fe, con una caída de 2.542 unidades productivas. En total, el país sufrió una contracción del 4,7% en la cantidad de empresas, con retrocesos en 23 de las 24 jurisdicciones.
El estudio, vinculado al ministro de Infraestructura bonaerense Gabriel Katopodis, también revela que el impacto no fue homogéneo en términos relativos: provincias como La Rioja, Chaco y Catamarca registraron las mayores caídas porcentuales en su entramado empresarial.
En cuanto a los sectores más golpeados, la industria aparece en el centro de la crisis. Actividades como transporte y almacenamiento registraron una baja del 14,9% en la cantidad de firmas, seguidas por servicios extraterritoriales (-13,7%), inmobiliarios (-11,6%) y servicios profesionales (-8%). Incluso sectores con crecimiento nominal, como el financiero, muestran señales de fragilidad, con aumento del empleo precario y de plataformas, sin impacto real en el consumo masivo.
El deterioro también se refleja en el mercado laboral. En 22 de las 24 jurisdicciones se perdieron 206.300 empleos privados registrados, con la Provincia de Buenos Aires nuevamente al frente, con 70.707 puestos menos. Le siguen la Ciudad de Buenos Aires (-39.160) y Córdoba (-15.660).
A nivel sectorial, la construcción lidera la destrucción de empleo con 59.266 puestos perdidos, seguida por textiles (-22.441), servicios a empresas (-20.084) y metalmecánica (-18.452). Estos datos reflejan el impacto directo sobre actividades intensivas en mano de obra y con fuerte peso en la producción nacional.
En contraste, algunos sectores lograron crecer, como el agropecuario y pesca, que sumó 8.888 empleos, junto con actividades informáticas y educación. Sin embargo, el informe advierte que este crecimiento no alcanza para compensar la pérdida generalizada ni implica una verdadera reconversión productiva.
“El fenómeno no se trata de una transformación estructural del empleo: mientras crecen los trabajos informales y precarios, también aumenta la tasa de desempleo”, concluye el reporte, evidenciando la fragilidad del actual esquema económico.