El primer ministro búlgaro, Rumen Radev, convocó a la embajadora rusa, Eleonora Mitrofanova, tras varios ataques con drones contra buques mercantes en la zona económica exclusiva de Bulgaria, en el mar Negro. Sofía reconoció que todavía no cuenta con pruebas concluyentes sobre el origen de los ataques.
El primer ministro, Rumen Radev, reconoció que las autoridades todavía no disponen de pruebas contundentes para determinar de dónde procedieron los drones. Sin embargo, señaló que uno de los barcos atacados, el carguero Chelsea 3, navegaba bajo bandera de Malta, pero estaba registrado en Ucrania y era de propiedad ucraniana.
Según la información difundida por el servicio gubernamental búlgaro GIS, Radev consideró que no tendría sentido que Ucrania destruyera sus propios buques. No obstante, el origen de los ataques continúa sin confirmación oficial.
La embajadora rusa planteó la posibilidad de una provocación
Por su parte, Mitrofanova afirmó que no había recibido información del Gobierno ruso sobre los recientes incidentes en el mar Negro.
La diplomática también planteó la posibilidad de que los ataques, ocurridos cerca de aguas territoriales búlgaras, fueran una provocación de un tercero. Esa hipótesis no fue confirmada por las autoridades.
Radev calificó de absolutamente inaceptables los ataques contra embarcaciones mercantes y advirtió sobre el riesgo de que estos episodios agraven significativamente el conflicto regional.
Bulgaria pidió una investigación junto con la UE y la OTAN
Ante la gravedad de los hechos, el primer ministro reclamó que continúen las investigaciones en coordinación con la Unión Europea y los aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
El objetivo es esclarecer el origen de los drones, determinar las circunstancias de los ataques y establecer posibles responsabilidades.
Un carguero hundido y otro incendiado
Las tensiones en la zona se intensificaron después de que drones no identificados hundieran un buque mercante e incendiaran otro el 6 de octubre, a unas 70 millas náuticas —cerca de 130 kilómetros— al este de la localidad búlgara de Byala.
Los incidentes volvieron a poner el foco sobre la seguridad de la navegación comercial en el mar Negro, una región estratégica atravesada por las consecuencias de la guerra entre Rusia y Ucrania.
Mientras continúan las investigaciones, Bulgaria busca esclarecer lo ocurrido junto con sus socios europeos y atlánticos, en un contexto en el que los ataques contra embarcaciones comerciales representan un nuevo factor de preocupación regional.