Un bombardeo atribuido a Israel mató a tres periodistas en el sur del Líbano. El gobierno libanés denunció un “crimen flagrante” contra trabajadores de prensa en plena cobertura.
Las víctimas fueron identificadas como Al Shuaib, corresponsal del canal Al Manar; Fátima Fatuni, periodista de Al Mayadeen; y el hermano de esta última, quien se desempeñaba como camarógrafo. Los tres se trasladaban en un vehículo que fue alcanzado por el bombardeo mientras realizaban tareas informativas en una zona de alta conflictividad.
El hecho generó una inmediata reacción del gobierno libanés. El presidente Joseph Aoun condenó el ataque y lo calificó como un “crimen manifiesto”, al considerar que se trató de civiles protegidos por el derecho internacional.
“Una vez más, el ataque israelí viola las normas más básicas del derecho internacional y del derecho humanitario, al tener como objetivo a periodistas que ejercen su profesión”, expresó el mandatario en un comunicado oficial.
Desde la presidencia libanesa remarcaron que el episodio no puede ser interpretado como un daño colateral, sino como una violación directa de los tratados que garantizan la protección de trabajadores de prensa en contextos de guerra.
Los canales afectados confirmaron la muerte de sus empleados y señalaron que el ataque ocurrió mientras cubrían los acontecimientos en el sur del país, una de las zonas más sensibles del conflicto.
El episodio se produce en un contexto de creciente tensión regional, con la participación de múltiples actores armados, entre ellos Hezbolá, lo que incrementa el riesgo para la población civil y para quienes informan desde el terreno.
La muerte de los tres periodistas reaviva el debate sobre la protección de civiles en conflictos armados y pone el foco en el respeto al derecho a la información en escenarios de guerra.
Con este ataque, la escalada en Medio Oriente suma un nuevo capítulo crítico, marcado por el impacto directo sobre trabajadores de prensa y el deterioro de las condiciones de seguridad en la región.